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Educación y Mundo del trabajo.

Enviado por Alex Cornejo Serrano el 29/01/2009 a las 2:04:35

Una reflexión sobre algunos dilemas.

Alex Cornejo Serrano

Lic. en Educación de Historia

 Universidad Autonoma de Barcelona

La educación ha sido, tradicionalmente, ocupada como medio de control social por los grupos dominantes de la sociedad, quienes deciden e imponen, casi unilateralmente, que se enseña en las aulas, obligando a los grupos más desposeídos a mirar su vida con los ojos de una cultura que no necesariamente los representa (Apple 1996). Asegurando, de esta forma, que los grupos dominados reproduzcan su ubicación social y su pobreza económica y cultural.

A pesar de ese dominio, los ojos de las elites ven los sistemas educativos llenos de conflictos y crisis preocupantes, obligando a sus instituciones, como la Unión Europea, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, a plantear mecanismos de liberación de las trabas que anquilosan en el pasado estatista a las escuelas del mundo. Sus discursos penetran en las agendas nacionales y se hacen incuestionables. Ya se vio el éxito de Delors y sus planteamientos, hoy se asume como incuestionable el hecho de que la educación es un bien de consumo permanente, basado en el argumento de que la sociedad requiere que las personas se perfeccionen para enfrentar con herramientas, siempre actualizadas, los cambios que la globalización demanda de sus habitantes y trabajadores.

 La solución es preparar a las personas para que enfrenten el mundo del trabajo con las competencias y habilidades que el neoliberalismo requiere de ellas, disfrazadas en los argumentos de que permitirán el “desarrollo humano más armonioso, más genuino, para hacer retroceder la pobreza, la exclusión, las incomprensiones, las opresiones, las guerras, etc.” (Delors ). En este sentido, la escuela de hoy está supeditada al mercado de trabajo, más que al mundo del trabajo, puesto que la formaciones que se le exigen apuntan a la profesionalización más que al rescate del legado cultural de la humanidad como medio de socialización.

Es evidente que tarde o temprano, todas las personas llegaremos al mundo del trabajo y exigimos a la Escuela que nos entregue herramientas prácticas para enfrentarlo, pero ellas no tendrán sentido sin los conocimientos necesarios para aplicarlas contextualizadamente. El debate sobre la implantación de la formación por competencias, frente al desarrollo de capacidades cognitivas esta resuelto. A nivel planetario se ha asumido que la formación competencial prepara de mejor forma a las personas para acceder al trabajo y ser más eficiente en sus conductas laborales. El debate ha sido intenso, especialmente en las universidades, que se han resistido más a la adaptación, pero el desarrollo de un mercado universal de educación superior ha obligado a asumirla.

Hoy, es el mercado quién dicta que se enseña y que formaciones profesionales se eliminan. Incluso, se ha obligado a las universidades, símbolos del saber universal occidental, a reformar sus estructuras académicas centenarias, según  lo que requiere el neoliberalismo y la Unión Europea, mediante acuerdos como el de Boloña.

No es negativo que la inversión de las familias y los alumnos tenga un sustento laboral, pero será legítimo que se deje de formar una determinada profesión porque no es rentable (no puedo dejar de pensar en lo sucedido a las carreras de pedagogía de la Universidad Austral de Chile que fueron cerradas por su rector porque los estudiantes que ingresaban a ellas no podían cubrir los créditos educativos que adeudan a la universidad al egresar por los bajos salarios que reciben), no se debe olvidar que el conocimiento académico es la base de la tecnología que se traspasa a los sectores productivos. Si dejamos al mercado tomar decisiones tan trascendentales la sociedad pierde su diversidad. Esta diversidad estaría en la base de la creación de las universidades para Zabalza (2005), las que buscan, hasta ahora, el “desarrollo intelectual y cultural, a la acumulación de conocimientos”.

Con la instalación de la globalización y el asentamiento en la memoria colectiva de sus postulados han modificado la forma de ver y entender el trabajo. El modelo de desarrollo y crecimiento social hace ver el trabajo como una carga para el ser humano, quien busca convertirse en empleado, es decir una persona con una labor estable que le da derechos sociales y le permite una vida de consumo razonable, por el contrario el trabajo se ve como una labor precaria y temporal, donde los salarios son bajos y se pierden rápidamente los beneficios sociolaborales que la ley da a las personas con contratos fijos. A pesar del esfuerzo de las familias por lograr el empleo, lo que se logra es conseguir trabajos, ya no es normal ver a una persona que se jubila en su trabajo luego de 30 o 40 años de dedicación en exclusiva. Esta precariedad esta inserta incluso en el sistema educativo, donde la figura del profesor por “horas” crece, hasta en las universidades. El trabajador se convierte en desechable en la sociedad global, donde el bienestar de la familia ya no es importante.

¿Cómo debe reaccionar la escuela o el sistema educativo? ¿Debe potenciar formaciones profesionalizantes que respondan a las demandas del mercado?

La reacción del sistema educativo ha sido la ampliación de las plazas para acceder a la formación, hoy sin duda se educan más personas que antes, lo que ha incidido en la disminución de la incidencia de la formación en el desempleo como lo demuestran las estadísticas chilenas (kowan 2002). Hoy tanto, personas con formación, de distinto grado, se encuentran desempleadas, en porcentajes similares -no iguales-, que una sin formación, a pesar de que la lógica del mercado indicaría que la falta de especialización excluiría del empleo. La empleabilidad en Chile, al menos, es rígida, es decir se necesita de una formación determinada para ejercer una ocupación, sin la cual no se tiene acceso. No es normal que una persona trabaje en labores para las que no fue formada, como se pudo dio a comienzos del siglo XX, donde bastaba con superar levemente la media formativa para acceder al empleo permanente y de calidad.

Una segunda reacción del sistema se relaciona con el tipo de oferta formativa de la educación post-obligatoria, la que tiene una directa relación con el aumento de plazas antes indicada, hoy la teleformación, la formación online, potenciada por el ingreso de las TICs en educación han hecho que el acceso se facilite y multiplique su nivel de penetración social, además de la incorporación progresiva y avasalladora de los centros privados. Un extraordinario ejemplo de ello es la explosiva oferta de formación transfronteriza, donde universidades estadounidenses, europeas y australianas ofrecen en países en desarrollo oferta formativa acorde a los requerimientos del mercado.

En mercado laboral globalizado que potencia el consumo la formación inicial y continua es un desafío que debe ser asumido por todos los agentes implicados en ella. Trabajadores, empleadores y el Estado  deben pactar los mecanismos más apropiados para asegurar que el derecho al empleo y a la formación este GARANTIZADO para todos. La educación es prioritaria para el desarrollo económico y social, incluso en aquellas sociedades de desarrollo reciente, que pueden fácilmente retroceder o al menos  estancarse cuando el resto de las sociedades continúan su desarrollo.

 

Referencias Bibliográficas.

 

Delors, Jaques La educación encierra un tesoro. Compendio. www.unesco.org . 

Rodríguez-Moreno, Mª. L. (2008) “Formación basada en el trabajo” Formación XXI. Revista de formación y empleo. http://formacionxxi.com

Kowan, Kowan y otros  (2002) Un diagnóstico del desempleo en Chile, en www.chilecalifica.cl

Zabalza, Miguel A. (2005) “La formación por competencias: entre la formación integral y la empleabilidad”, en IV Congreso de formación para el trabajo. Pp. 353-364.

 

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